
Segundas y terceras derivadas de Irán
15/03/2026
El conflicto en el Medio Oriente continúa siendo el foco de atención del mundo entero. Israel y EE. UU., continúan los ataques militares mientras que Irán resiste, nombrando a un nuevo líder supremo, hijo del anterior Ayatolá. El nuevo líder de Irán, en su primera comparecencia pública, ha recalcado la intención de mantener cerrado el estrecho de Ormuz ya que es una palanca para continuar haciendo daño a occidente.
Como comentamos en artículos anteriores, el cierre del estrecho de Ormuz puede llevar el barril de petróleo a los 150 USD/barril dependiendo del tiempo que éste permanezca cerrado y las rutas logísticas continúen disrumpida. Sin embargo, en este artículo nos centraremos en las segundas y terceras derivadas, es decir, las implicaciones y consecuencias de que ese escenario ocurra de verdad.
Centrándonos en el entorno económico, está claro que el aumento de los precios energéticos conllevará un aumento de precios de manera generalizada, es decir, la inflación repuntará. Al final, la energía es un “input” fundamental para prácticamente todas las industrias, en especial, para aquellas empresas cuyo proceso productivo es altamente intensivo en energía. Y pese a que no haya un proceso productivo físico de por medio, otra actividad altamente intensiva en energía y de la que depende gran parte del crecimiento económico, en especial EE. UU., son los data centers. El gasto en infraestructura para la IA conlleva una enorme inversión energética y si este escenario de cierre prologando se produce, podría poner aún más en entredicho los retornos de toda la inversión en CapEx que han anunciado las grandes tecnológicas.
El siguiente paso, sería un escenario en el que los Bancos Centrales, se vean obligados a reactivar las subidas de tipos y políticas monetarias más restrictivas. Esto ya no afectaría solo a las empresas cuyas operaciones sean intensivas en energía si no a la valoración del mercado en su conjunto. El impacto se vería especialmente en valores con largas duraciones como la renta fija de larga duración, valores tecnológicos/crecimiento con altos múltiplos. Todo esto conllevaría a una desaceleración económica o a una situación parecida a la vivida en 2022 con el shock de la guerra en Ucrania. Precios energéticos altos, elevada inflación y con los bancos centrales subiendo tipos, mientras que el mercado penaliza los valores “growth” y recompensa esas inversiones más “value”.
Pese a todo esto, no escribimos con el fin de ser mensajeros de malas noticias, sino para discernir cómo podemos proteger nuestros ahorros como participantes del mercado. Lo normal es pensar que ponerse largo de empresas energéticas es la mejor manera, es posible, pero también es cierto que el contexto es muy dinámico y veloz. Quizás mañana se acaba todo. No lo sabemos. Por lo tanto, bajo nuestra opinión, esta situación es la que permite que se puedan crear posiciones a precios realmente atractivos y, para ello, es necesario tener liquidez disponible. Como se suele decir, es un año de siembra.
Y entonces, ¿dónde invertimos? Más allá de sectores o temáticas, debemos tener claro que las tesis deben tener vientos de cola seculares y estar lo más seguro posible de que pueden ser ganadores en el largo plazo en cada uno de sus respectivos negocios. Además, obviamente, de lo que comentamos asiduamente: buenos equipos directivos, ventajas competitivas sólidas, buenos márgenes, entre otros parámetros.
Como siempre decimos, hay que realizar los deberes para poder ganar la convicción necesaria para invertir en tiempos de incertidumbre.


