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Estrés Postraumático

AYTHAMI GONZÁLEZ Asesoramiento y Gestión Patrimonial en Cross Capital

 

03-07-2016

 

La fragilidad de los bancos no es un hecho destacable en los tiempos que corren, tras la crisis financiera de 2008 han corrido ríos de tinta sobre las malas prácticas de bancos de todo el mundo. No nos resulta extraño que un banco quiebre, que se descubra que ha estado manipulando el mercado o, por ejemplo, tal y como se supo esta semana, que tengan posiciones tan arriesgadas en sus balances que supongan un riesgo sistemático mundial. Hablamos de los resultados del último test de estrés bancario llevado a cabo por Estados Unidos para conocer la salud financiera de los bancos, en el que entre 33 entidades, Deutsche Bank ha sido calificada como la entidad financiera con mayor riesgo del mundo. Dada su alta exposición a productos derivados y la ingente cantidad de posiciones abiertas con otros bancos mundiales como el ICBC (Banco Industrial y Comercial de China), HSBC, BNP Paribas o JPMorgan entre otros, su caída podría provocar un nuevo colapso financiero como el de Lemhan Brothers en 2008.

Los test de estrés son pruebas de resistencia implantadas tanto por EEUU como Europa, cuyo objetivo es medir la capacidad de los bancos para hacer frente a un posible deterioro de la economía y sus secuelas, tales como la destrucción de empleo, impago de créditos y depreciación de inversiones. Entre las diferentes variables analizadas una de las más importantes es la “Revisión de la Calidad de los Activos”, en la que se analiza a fondo todos los activos que forman el balance, como su cartera inmobiliaria, exposición al crédito, títulos de deuda soberana y privada, derivados, renta variable, etc. Una vez se han estudiado las “entrañas” de los balances bancarios, se someten a distintos entornos de mercado mediante complejos modelos de análisis poniendo a prueba así la resistencia de cada entidad. El supervisor les somete a dos coyunturas diferenciadas, por un lado, un escenario económico con dificultades pero sin grandes sobresaltos y otro mucho más hostil, en medio de una recesión y con características como las anteriormente comentadas. A partir de entonces se analiza el efecto que han tenido ambas situaciones en las cuentas de las entidades expuestas, utilizando el ratio de capital COMMON TIER 1 como baremo de calificación de su calidad financiera. El TIER 1 es un ratio que mide la relación entre los fondos propios de la entidad entre los activos ponderados por riesgo, dando como resultado una foto fija sobre la solvencia del banco. Cada entidad deberá superar ambas pruebas con unos límites mínimos del 8% en el primer escenario y un 5,5% en el peor de ellos. Los principales objetivos de estos “Stress Test” son mejorar la calidad de la información aportando una mayor transparencia de la situación financiera bancaria, identificar las necesidades e ineficiencias para tomar medidas a tiempo y por último, garantizar la salud bancaria para recuperar la confianza.

En caso de no superar estos test de estrés, las entidades están obligadas a tomar una serie de medidas para mejorar su situación en aras de evitar una nueva catástrofe. Esta metodología se ha venido implantando desde 2009, estamos en 2016 y vistos los últimos resultados, sin duda dichos test son necesarios, pero no suficientes. No es ético que tras el desastre de 2008, todavía haya entidades con una exposición a derivados tan alta (productos con alto apalancamiento) capaces de tambalear el sistema financiero mundial. Quizás no hayamos aprendido nada o quizás sea un afán por demostrar la teoría del ciclo económico.

 

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