
Vuelve la semana de Jackson Hole
31/08/2026
Como viene siendo habitual durante estas fechas, vuelve a la escena el simposio más importante del año en cuestiones de políticas monetarias, Jackson Hole. Celebrado en Wyoming, este simposio tiene un atributo adicional, es el primer simposio de Kevin Warsh como presidente de la FED.
La situación macroeconómica actual combina una inflación subyacente que muestra resistencia a ceder al objetivo del 2% con signos incipientes de moderación en la demanda interna y el empleo. Esta situación hace que el trabajo del banco central sea difícil, estimulas la economía o afrontas una inflación por encima de tu objetivo. Por otro lado, si decides no actuar, puedes enfrentarte a periodos de estanflación (sin crecimiento, pero con inflación). Es por esto, por lo que el papel de los Bancos Centrales principales (FED, BCE y BoE) se ha complicado en los últimos meses.
Como hemos dicho, el mercado laboral, al igual que la demanda interna, están dando signos de moderación, lo que no significa que estén en mal estado. En el ámbito del empleo, el ajuste no se está produciendo mediante oleadas masivas de despidos, sino a través de una congelación táctica de las contrataciones (hiring freeze). Las métricas de rotación voluntaria han caído, la creación neta de nóminas no agrícolas muestra una ralentización constante y las revisiones a la baja de los datos preliminares confirman que la tracción laboral se debilita. Paralelamente, la demanda interna emite señales de agotamiento estructural. El consumo privado —responsable de más de dos tercios del PIB en Estados Unidos— afronta el impacto acumulado del endurecimiento crediticio de los últimos dos años.
Este contexto de demanda debilitada, pero inflación pegajosa sitúa a los bancos centrales ante una encrucijada técnica. Los tipos de intervención oficiales se mantienen en territorio restrictivo, pero el verdadero desafío analítico radica en la morfología de las curvas de rendimiento soberanas (yield curves). El tramo corto de la curva (2 a 3 años) refleja la inminencia de recortes tácticos o pausas prolongadas por parte de los bancos centrales para evitar un estrangulamiento de la actividad. Sin embargo, el tramo largo (10 a 30 años) ha experimentado episodios de empinamiento por la parte trasera (bear steepening), situando la rentabilidad del bono a 30 años en cotas del 5,30%. Esto ha llevado a que el secretario del tesoro americano, Scott Bessent, anunciase que el tesoro iba a aumentar su programa de recompras de deuda en títulos del tramo largo de la curva.
Es por esto, aparte de ser el primer simposio de Warsh, por lo que Jackson Hole tiene una alta importancia en el aspecto macroeconómico. La FED y el BCE han empezado a un enfoque de dependencia estricta de los datos (data-dependent).
Pasando al efecto en las clases de activos, si los tipos en las primeras economías del mundo continúan estando en un nivel restrictivo, la renta fija continuará cayendo y si además no se disipa la incertidumbre con referencia al endeudamiento y a la inflación, el tramo largo de las curvas seguirá sufriendo, por lo que, en este sentido lo más prudente sería reducir duración en las carteras. En la parte de renta variable, el proceso lógico es el mismo, lo más prudente sería evitar esas compañías cuyos modelos de negocio aún no están probados y el FCF que genere esté más lejos en el futuro, sea del sector que sean. En este sentido, factores como el Value suelen funcionar bastante mejor que otros como el Growth.
La situación, pese a que “todo vaya bien”, es compleja. Además, están los conflictos geopolíticos de Ucrania e Irán y las guerras comerciales que ponen más presión sobre variables como la inflación o el crecimiento. Es por ello por lo que siempre recomendamos construir carteras con el objetivo de “capear” cualquier imprevisto con compañías que cuenten con un caso de inversión sólido y que, si puede ser, no dependan de factores externos.


