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Criptodivisas, ¿valor refugio?

AARÓN RODRÍGUEZ Asesoramiento y Gestión Patrimonial en Cross Capital

 

20-08-2017

Con cada nuevo máximo en el precio del Bitcoin, surgen nuevas voces que proclaman a la criptodivisa como la elegida a convertirse en la inversión refugio de la era moderna: el nuevo oro… Nada más lejos de la realidad. El Bitcoin –y el resto de criptodivisas- es esencialmente una inversión especulativa en una nueva tecnología, concretamente el blockchain. Esta tecnología funciona como una cadena de bloques, como si fueran capas de seguridad electrónica que encapsulan a la criptodivisa y la mantienen congelada en el tiempo y el espacio, como una capa de ámbar conserva durante milenios a un insecto; esto es lo que hace que la divisa tenga el prefijo de cripto. Pero ni la seguridad, ni la fuga de capitales en China –el Bitcoin es empleado principalmente en este país asiático como medio para evadir los controles del gobierno- justifican que el precio del Bitcoin supere máximos con cada semana que pasa.

Tanto el Bitcoin como cada nueva emisión de ICOs (Oferta Inicial de Monedas) -empleado por los desarrolladores de la tecnología blockchain para recaudar fondos para nuevos proyectos-, deben ser interpretados como herramientas de innovación en infraestructura de software, no como divisas competitivas; es el ámbar lo que determina su valor, no el insecto que hay dentro.

Esta innovación tecnológica posee un valor añadido muy relevante, y es que pone en tela de juicio el monopolio del gobierno sobre el dinero. Esta insurrección contra el dinero fiat, manipulado por el gobierno sólo crecerá más pronunciadamente a medida que las criptodivisas se transformen en medios fiduciarios transaccionales; en ese momento, ¿quién necesitará dinero del gobierno? El blockchain, aunque todavía en su infancia, es un gran negocio. Y, si bien los gobiernos no pueden controlar directamente las criptodivisas, ¿por qué no deberíamos esperar que se enfrenten al mismo destino que las cuentas bancarias suizas?

Las limitaciones en la oferta de una criptodivisa suponen una enorme mejora frente a la falta de cualquier tipo de restricción en los gobiernos cuando se trata de imprimir divisas. Sin embargo, a diferencia de los activos físicos como el oro y la plata, que tienen atributos físicos únicos dotándolos de importancia monetaria durante milenios, el problema es no hay ninguna barrera de entrada para las criptodivisas: cuando una nueva criptodivisa competitiva logra el éxito, diluye o infla el universo de las demás.

El componente de valor de las criptodivisas –que es, como mínimo, un requisito fundamental para el estatus de valor refugio- es una parte minúscula de su valor y apreciación. Después de todo, los valores refugio son sólo eso: estables y fiables lugares de retención del valor. No crean nuevo valor, son finitos en la oferta y sólo pretenden mantener el valor que ya se ha creado a través de los ahorros y la inversión productiva. No se puede crear dinero, o capital, de la nada; más bien representa los recursos que se han creado y reservado para el consumo futuro.

Visualizar a la criptodivisa como valor refugio, anima a los inversores a acumular más riesgo en sus carteras. El éxito de las mismas, constituye una apuesta incluso mayor que la inflación de activos auspiciada por las políticas extraordinariamente laxas de los bancos centrales, de las que algunos intentan protegerse. Es cierto que suponen un desarrollo muy importante y un enorme paso hacia la descentralización del poder monetario, y además poseen un potencial enorme pero, caveat emptor; estamos creando mágicamente nuevas unidades de valor y, por lo tanto, considerarlo un valor refugio es un profundo error.

 

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