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La ISR no es una moda

ISR

MUNESH MELWANI,  SOCIO-DIRECTOR GENERAL

24/11/2019

La Inversión Socialmente Responsable (ISR)no es una moda pasajera en el ámbito de la gestión de activos, sino más bien, una tendencia transversal que afecta a la economía global, a la concienciación ciudadana y con especial incidencia en el sector financiero. A pesar de su origen medioambiental, la ISR ha ido evolucionando e incorporando otros ámbitos, como el social o el de gobernanza corporativa. La ISRse define habitualmente como aquella inversión que tiene en cuenta criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno corporativo, los denominados criterios ASG(ESG por sus siglas en inglés: Environmental, Social and Governance). La forma de implementar estos criterios será la que nos permita identificar las distintas estrategias ISR.

Se hace necesario repasar el origen de este movimiento. Por citar algunos hitos clave, estaría 1972, cuando se creó The UN Environment Program, una agencia de las Naciones Unidas encargada de coordinar las actividades medioambientales y ayudar a los países desarrollados en el impulso de políticas y prácticas ambientales. Unos años más tarde, en la década de los 90, continuaron los movimientos a favor de un mundo más sostenible: en 1992, tuvo lugar en Río de Janeiro la conferencia medioambiental más grande jamás celebrada, The UN’s Rio Earth Summit, a la que acudieron 172 países. Mientras tanto, en los mercados financieros, los inversores pedían a los gestores evitar las inversiones en Sudáfrica por el apartheidy se producían boicots a empresas del sector textil, por los escándalos en su cadena de producción, al emplear mano de obra infantil e incumplir otra serie de derechos humanos. En 1997tuvo lugar uno de los hitos medioambientales más relevantes de las últimas décadas: la adopción del famoso Protocolo de Kioto, una iniciativa de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). Se materializó en un acuerdo internacional cuyo objetivo principal fue la disminución de las emisiones de seis Gases de Efecto Invernadero (GEI), causantes del calentamiento global. El protocolo acordaba la reducción de al menos un 5% de las emisiones de estos gases entre 2008-2012, en comparación con los niveles de 1990. Le siguió en 2015, el Acuerdo de París, que establece medidas para la reducción de las emisiones de GEI a través de la mitigación, adaptación y resiliencia de los ecosistemas a efectos del Calentamiento Global, su aplicabilidad sería para el año 2020, cuando finaliza la vigencia del Protocolo de Kioto. Cabe recordar que EE.UU. se ha retirado del Acuerdo de París a mediados de 2017.

En las últimas décadas, la concienciación a nivel mundial sobre el medioambiente no solo ha fomentado el desarrollo de tecnologías para combatir el cambio climático o la aparición de nuevas energías menos contaminantes, sino que también ha propiciado el desarrollo de nuevas formas de inversión aplicando criterios socialmente responsables. Esto se plasma en 2005con la creación de los conocidos Principios de Inversión Responsable de las Naciones Unidas(UNPRI, por sus siglas en inglés). Su objetivo es la introducción de factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo, los criterios ASG, en la toma de decisiones de inversión, con el fin de gestionar de manera más eficiente los riesgos extrafinancieros y fomentar la sostenibilidad de las inversiones subyacentes.

En septiembre de 2015la Asamblea General de la ONUadopta la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, un plan de acción que persigue la mejora del planeta y la prosperidad de las personas, a la vez que fortalece la paz universal y el acceso a la justicia. La Agenda establece 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), articulados a través de 169 metas que persiguen la reducción de la pobreza y el hambre, el cuidado del medioambiente, una educación de calidad para todos, la igualdad de género, etc. La Agenda 2030 implica un compromiso universal y rige todos los programas de desarrollo mundiales que se lleven a cabo hasta 2030. Sin embargo, su implementación depende de cada país y de sus propios programas de desarrollo sostenible.

Los criterios ASGcada vez cobran más relevancia a la hora de tomar nuestras decisiones de inversión. Se centran en el análisis de variables que normalmente quedan fuera del ámbito del análisis estrictamente financiero, pero que pueden ser determinantes en el desempeño y por lo tanto en la valoración de una inversión, tanto a presente como a futuro. Los factores ASG se clasifican en tres grandes grupos:

  • Criterios ambientales (A): están relacionados con el cuidado y la conservación del entorno natural y medioambiente.
  • Criterios sociales (S): están relacionados con la gestión de la compañía hacia las personas que se puedan ver afectadas por su actividad. Es decir, desde sus empleados o proveedores, hasta el conjunto de la población o distintas comunidades susceptibles de tener un vínculo con la empresa.
  • Criterios de gobierno corporativo (G): están relacionados con la gestión y liderazgo de la compañía, políticas internas, retribución de los directivos, controles internos, etc.

Lo que está claro es que nuestro planeta nos está dando una oportunidad antes de que sea irreversible, la sociedad ha despertado, pero no es suficiente. Cuantos más actores de la actividad económica, política y social se involucren en ser responsables y velen por la sostenibilidad y el medioambiente, mejor legado dejaremos a las futuras generaciones. En el ámbito de la inversión, debemos también concienciarnos.

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