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El gigantesco mundo de los derivados

AARÓN RODRÍGUEZASESORAMIENTO Y GESTIÓN PATRIMONIAL

Abril 2019

Muchos asocian los mercados financieros con la Bolsa, el segmento de renta de variable. El mercado financiero es, claramente, mucho más amplio, e incluye bonos, divisas, inmuebles, materias primas y otras muchas clases de activos e instrumentos financieros. Pero hay un segmento del mercado que en tan sólo unos años se ha convertido en el más importante: los derivados. Este mercado, que ha experimentado el mayor crecimiento de todos los segmentos en los últimos años, es esencial para la estabilidad del sistema financiero y supone un factor muy importante para el correcto funcionamiento de la economía real.

A pesar de la importancia del mercado de derivados, pocas personas ajenas al mismo tienen una perspectiva integral sobre su tamaño, estructura, rol y segmentos, pero, sobre todo, acerca de cómo funciona. Y es que erróneamente se les suele asignar un papel clave en la última crisis financiera, si bien esta fue causada principalmente por valores estructurados vinculados al crédito, los cuales no son derivados. No obstante, los casos de fraude y el casi fracaso de algunos participantes en el mercado, ha provocado un endurecimiento en la regulación para aumentar la transparencia y la seguridad, tanto para los derivados como para otros instrumentos financieros.

Los derivados son contratos que negocian entre los participantes, tanto en el mercado regulado como en el privado (OTC) -siendo este último el que abarca la mayor parte del mismo-, y donde se especifican una serie de condiciones: fechas, valores resultantes, definiciones de las variables subyacentes, obligaciones de las partes e importe nocional, así como la forma de pago que debe realizarse entre las partes. Como contratos, los derivados deben distinguirse de los títulos: acciones, bonos, exchange-traded funds (ETFs), exchange-traded commodities (ETCs) y exchange-traded notes (ETNs); valores estructurados: asset-backed securities (ABS), collateralized debt obligations (CDOs), collateralized loan obligations (CLOs), etc.; e instrumentos similares a los derivados, como los certificados o los warrants. Los activos subyacentes más comunes incluyen materias primas, acciones, bonos, tipos de interés y divisas, o pueden ser otros derivados, lo cual añade otro nivel de complejidad ante una valoración adecuada.

Un inversor puede disponer de los derivados principalmente para tres finalidades: especular, realizar arbitraje y cubrir riesgos. Así, en la especulación los derivados son utilizados para tomar una posición en el mercado de acuerdo con las predicciones del inversor; el arbitraje consiste en explotar las ineficiencias del mercado con el fin de obtener un beneficio libre de riesgo y; por último, como cobertura, con el fin de minimizar o incluso suprimir la exposición al riesgo de determinadas variables que afecten al activo.

Las estrategias de cobertura son muy utilizadas por los gestores de carteras, dado que permiten una reducción real del riesgo. Imaginemos un inversor que posea 500 acciones de SAP, con un precio actual de 100€. Se espera que durante el próximo mes se publiquen los resultados definitivos de la compañía. Si el gestor cree que los resultados no van a ser buenos, puede tomar una posición corta en un contrato a plazo (futuro) para que el riesgo de caída en el precio no afecte al valor de su cartera. Si el precio de ejercicio es de 98€, estará obligado a vender los títulos por ese precio en un mes, independientemente del precio real al que coticen las acciones en ese momento. Si éste fuera de 95€, el beneficio obtenido sería (98 – 95) x 500 = 1.500€; si fuera 101€, la pérdida obtenida sería (98 – 101) x 500 = – 1.500€. Otra alternativa sería tomar una posición larga en una opción de venta. En el caso de que el strike o precio de ejercicio sea de 98€, el inversor venderá sus acciones por este precio únicamente si el precio de cotización del momento es inferior. Si fuera superior, no ejercería la opción y podría vender las mismas acciones a un precio más alto. Por ejemplo, si fuera de 95€ se ejercería la opción, obteniendo un beneficio de (98 – 95) x 500 = 1.500€; pero si fuera de 101€ la opción no se ejercería y el inversor podría vender a precio de mercado. Hay que tener en cuenta que para tomar una posición larga en una opción es necesario pagar una prima (o coste de la opción), independientemente de que se ejerza o no.

Este ejemplo tan simple pone de manifiesto un aspecto clave en las estrategias de cobertura: éstas permiten fijar el coste o el ingreso que supone para una entidad el activo subyacente. Sin embargo, no garantizan que el resultado final sea mejor que el que se hubiera obtenido sin hacer la cobertura. En otras palabras, no asegura una mayor rentabilidad sino un menor riesgo. Existe una diferencia fundamental entre el uso de contratos plazo y de opciones financieras en la implementación de estrategias de cobertura. Mientras los primeros están diseñados para neutralizar por completo el riesgo de una inversión fijando el precio del activo subyacente, las segundas permiten al inversor protegerse de movimientos adversos, permitiéndoles beneficiarse de movimientos favorables –es por esto por lo que adquirir una opción implica el pago de una prima-.

Teniendo en cuenta el papel que desempeña el mercado de derivados en la economía global, no es en absoluto sorprendente el crecimiento que ha experimentado en los últimos años. En el último informe publicado por el BIS, el Banco Internacional de Pagos de Basilea, el valor nocional de los derivados OTC se incrementó hasta los 595 billones de dólares al que hay que sumar otros 94 billones negociados en el mercado regulado que, para ponerlo en contexto, supone el equivalente a 45 veces el PIB de la Unión Europea y 530 veces el PIB español. Por el contrario, el famoso mercado de la Bolsa posee un tamaño de tan “sólo” 79 billones. En los próximos artículos haremos hincapié en los diferentes productos que existen para la cobertura de tipos de interés, el instrumento más negociado a nivel mundial, así como sus características y utilidades.

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