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Europa no es Japón

MUNESH MELWANI,  SOCIO-DIRECTOR GENERAL

28/07/2019

Atendiendo a las palabras del presidente del Banco Central Europeo (BCE) el pasado jueves 25 durante la rueda de prensa celebrada en la Eurotower de Frankfurt, la situación económica en la Eurozona requiere una respuesta contundente: “No nos gusta lo que vemos”, llegó a decir, incidiendo en que las perspectivas son “peores y peores”. Pese a la cantidad de estímulos que aún se mantienen por parte del BCE, con los tipos en el 0% desde hace más de tres años y los más de 2,6 billones de euros inyectados en el sistema gracias al programa de compra de bonos, la economía de la zona crece poco y la inflación está en el 1,3%, muy lejos de lo deseable. Por ello, el BCE se está replanteando el mantra de la inflación, que en el 2003 estableció en un “objetivo del consejo de gobierno de mantenerla en un nivel inferior, aunque próximo, al 2% a medio plazo”, si bien han transcurrido muchos años sin lograrse ese objetivo.

Ahora, la prioridad del BCE es combatir la desaceleración de la economía o alejar lo máximo la llegada de una recesión. A una semana de que la Reserva Federal muy probablemente baje los tipos de interés, Mario Draghi explicó que no está satisfecho con el funcionamiento de la economía, con la pobre evolución de la producción manufacturera y con la baja inflación de la eurozona, su gran asignatura pendiente. Esta intervención mediática llevó de nuevo los tipos de la deuda a largo plazo a mínimos históricos, más concretamente al Bund alemán a niveles de -0,4% por debajo incluso que su homólogo japonés, descontando deflación, situación que ha marcado la economía nipona durante dos décadas. Dicho esto, muchos economistas han tratado la situación prolongada de tipos e inflación bajos como la “Japonización de Europa”, pero nosotros pensamos que Europa no es Japón y pensamos que el mercado está exagerando la situación dando pie a esta comparación.

Hay varios argumentos que sustentan nuestra tesis, pero destacaríamos los siguientes: (i) el detonante de las décadas perdidas ha sido fundamentalmente la deflación de activos, especialmente los inmobiliarios, en un país en el que las familias tienen el 38% de su patrimonio en activos no financieros y donde los precios de las viviendas han caído un 80% retornando a niveles de los 80’s (imagínense lo que supone para los bancos el efecto en el valor como garantía de los préstamos hipotecarios) vs la Eurozona, donde los precios las viviendas están recuperando valor desde 2012, si bien en Alemania desde 2008, (ii) en Japón los salarios desde hace años, también debido a sustitución de plantilla por prejubilación vs la Eurozona donde llevan recuperándose desde 2016, (iii) el ratio de inmigración en Europa es 3 veces el de Japón, lo que supone un mayor dinamismo del mercado laboral, (iv) el endeudamiento de las familias y empresas en Japón alcanzó el 100% de su PIB durante 15 años, llegando incluso a un 290% vs Europa cuyo máximo fue un 230% si bien no es nada desdeñable, (iv) Europa tiene mayor flexibilidad fiscal en la medida en que su deuda pública es 1/3 de la de Japón en relación con su PIB, (v) la banca japonesa fue recapitalizada 5 años tras el inicio de la deflación y la europea ha sido recapitalizada antes, asimismo el QE nipón comenzó tarde, (vi) el gobierno corporativo en las empresas japonesas ha tenido que mejorarse mucho en los últimos años, implementando una orientación a resultados y mejorando la eficiencia, aspectos ya consolidados en Europa, (vii) dado el peso manufacturero en su PIB, un 40% superior al europeo, Japón está mucho más afectada por la competencia china, (viii) el crecimiento nominal del PIB en Europa ha promediado un 2,5% anual desde 2010 vs el 1,2% japonés y (ix) Europa necesita más reformas estructurales y más unión en materia bancaria, política, igualdad de género, criminalidad, etc., que Japón, donde siendo el país con mayor esperanza de vida y a pesar de estar 20 años crecimiento poco y sin inflación, todo funciona de forma coordinada y no hay sensación de crisis.

Los momentos que vivimos son atípicos en la historia económica, pero estamos inmersos en la 4ª revolución industrial de la mano de la digitalización de nuestras vidas a todos los niveles, por lo que hay un antes y un después, donde sectores económicos completos han sufrido una disrupción sin precedentes. En este sentido, conviene pensar que este entorno económico no tiene porqué parecerse a anteriores.

Les deseo un feliz verano y que disfruten con los suyos.