Contáctenos: +34 922 098 062

Una nueva realidad

MUNESH MELWANI,  SOCIO-DIRECTOR GENERAL DE CROSS CAPITAL
08/05/2022

Ahora que ya vamos saliendo de la pandemia, o más bien, aprendiendo a convivir con el virus (excepto en China, donde siguen con la política Covid Cero), lo que llevamos de 2022 no puede dejar indiferente a nadie, tanto en el plano económico, como en el geopolítico con la invasión de Ucrania por parte de Rusia, algo insólito en los tiempos de paz en que vivimos.

Ya anticipábamos que este año iba a suponer un punto de inflexión en materia económica y está pasando: la inflación está desbocada rozando el doble dígito, impulsada especialmente por los precios energéticos y alimenticios (situación agravada por la guerra). Los bancos centrales han errado doblemente: preveían una inflación elevada pero no tanto, calificándola hace unos meses de “transitoria”, habiendo corregido, ahora apodada “persistente” y además, han aplicado tarde la retirada de estímulos monetarios, esto es, tenían que haber comenzado desde mediados de 2021, de forma progresiva cuando vieron que la economía se reabría impulsada por una intensa actividad comercial global y la ebullición de un consumo privado que había estado reprimido durante más de año y medio. El problema generado en la cadena de suministros de bienes y servicios ya dejaba entrever que venía inflación aparejada a una pujante demanda. Pero claro, no querían dañar la recuperación económica subiendo tipos de forma precipitada tras la parálisis económica derivada de la pandemia, perdiendo de vista el objetivo que tienen bajo mandato: controlar la inflación (de forma que no supere el 2%). Asimismo, tampoco querían drenar de liquidez (que favorece el crédito) el sistema financiero dejando de forma brusca el programa de recompras de deuda pública y privada, una reducción de balance que ahora tienen que acelerar.

De todas formas, el entorno de tipos cero y la ingente inyección de liquidez en el sistema financiero que hemos vivido desde el estallido de la Gran Crisis Financiera iniciada en 2008, no era natural sostenerlo más de una década, pero así ha sido, y de nuevo, con la pandemia, se retomaron las medidas excepcionales, con lo que la economía ha estado con respiración asistida durante mucho tiempo, algo inédito en la historia económica del mundo desarrollado. Este contexto prolongado de laxitud monetaria también ha traído consecuencias en la toma de decisiones financieras de particulares, familias, empresas y gobiernos, propiciando un mayor endeudamiento a largo plazo a costes atractivos, y por el lado de la inversión, buscando mejores destinos para el ahorro que los plazos fijos al cero porciento, esto es, invirtiendo en instrumentos financieros con mayor rentabilidad potencial y por tanto mayor riesgo asociado.  

En los mercados financieros hasta hace poco las curvas de tipos (rentabilidades monetarias y de la deuda) seguían en mínimos históricos de los últimos 30 años, con zonas en negativo; los diferenciales crediticios también en mínimos, casi ni existía riesgo de insolvencia de las empresas…Las bolsas seguían alcanzando nuevos máximos, con ciertas situaciones inéditas, como valoraciones desorbitadas de empresas tecnológicas que no ganaban dinero, con fenómenos como las SPACS, los Meme Stocks y las compañías “Stay at home” derivadas del confinamiento. Pues bien, las subidas de tipos iniciadas por el Banco de Inglaterra a finales de 2021, pero especialmente las de la Reserva Federal estadounidense, de 25 pb la primera y esta semana de 50pb, ha supuesto un revés para los mercados, y para todos los activos de riesgo, propiciando caídas notables, si bien, la corrección de los excesos en las irregularidades comentadas ya se venía produciendo desde finales del pasado año. Todo está siendo una bofetada de realidad, y es que, lo otro, no era normal y nos estábamos acostumbrando. Se trata de un ajuste sano.

Tanto la inflación (aunque se moderará en los próximos meses), como las subidas de tipos, vienen para quedarse. Estamos en un nuevo ciclo, una nueva realidad, por lo que actuemos en consecuencia, adoptando las decisiones financieras correctas. Pensar lo contrario, sería autoengañarnos. Recuerden, asesórense bien.