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La Fiebre del Oro

JESÚS RODRIGUEZASESORAMIENTO PATRIMONIAL

25/08/2019

Actualmente la deuda pública de Alemania, considerada el activo libre de riesgo de Europa, cotiza a tipos de interés negativos en todos sus vencimientos, desde los depósitos overnight, el más corto plazo, hasta los bonos a 30 años. En Suiza, las rentabilidades negativas se extienden hasta el bono a 50 años. Esto supone que aquellos inversores que compran bonos con la finalidad de mantenerlos a vencimiento soportan pérdidas aseguradas, mientras que estos países reciben ingresos adicionales por aumentar su endeudamiento, es el precio que tienen que pagar aquellos inversores más conservadores por la seguridad que ofrecen estos países. Sin embargo, incluso en países más arriesgados como Italia, donde los niveles de deuda y la inestabilidad política son mayores, el bono a 10 años cotiza a un rendimiento de tan solo 1,5%.

Lo anterior es el reflejo de una creciente preocupación sobre el estancamiento de la economía global, el conflicto comercial entre Estados Unidos y China, datos económicos más débiles y la inestabilidad política en Hong Kong. Este pesimismo también se puede ver reflejado en las previsiones a medio plazo sobre la inflación que se obtienen del mercado de swaps que cotizan notablemente por debajo con respecto a principios de año.

Los Bancos Centrales de todo el mundo están actuando en consecuencia con recortes en sus tipos de interés, incluido Estados Unidos, cuyos tipos se sitúan en el rango 2-2,5% tras la bajada de 25 puntos básicos que realizó la Fed el pasado mes de julio, la primera desde la crisis financiera de 2008. Asimismo, se esperan nuevos recortes por parte del Banco Central Europeo en septiembre, así como la implementación de nuevos estímulos, entre ellos la reactivación del programa de compras de deuda que el banco venía aplicando desde 2015 hasta el pasado diciembre.

Sin embargo, parece que con los tipos de interés a corto plazo tan bajos existen dudas generalizadas de que los bancos centrales sigan teniendo el poder suficiente de volver a encauzar la economía. De hecho, la política monetaria en Europa carece de margen de maniobra para hacer frente a shocks económicos. Alternativamente, siempre quedará la política fiscal, si bien, esta misma semana el Bundesbank descartaba estímulos fiscales en Alemania.

Lo anterior permite hacernos una idea del estado de animo de los inversores, los cuales han aumentado su apetito por aquellos activos más seguros como los bonos gubernamentales o el oro. Los flujos de entrada a este último han conseguido elevar la cotización del activo a máximos de 6 años, por encima de los 1.500 dólares por onza, donde los ETFs de oro han vuelto a brillar, pues los inversores compraron alrededor de 2,6 billones de estos ETFs durante el mes de julio, lo que supone la mayor inversión mensual en este activo desde marzo de 2013. Esto es debido a que este metal precioso es considerado una reserva de valor y protección contra las turbulencias en los mercados, gracias en parte, a que los bancos centrales son uno de los principales compradores de oro. Este incremento en las compras ha supuesto que las exportaciones de oro de Suiza a Reino Unido hayan alcanzado máximos de seis años, tras exportar 90,7 toneladas de lingotes durante el pasado mes, la mayor cantidad desde septiembre de 2012 según la Administración Federal de Aduanas de Suiza. Esto se debe a que Londres es el centro global del almacenamiento de metales preciosos en virtud de la gran cantidad de cámaras acorazadas de las que dispone la ciudad. De hecho, la gran mayoría de ETFs respaldados por oro físico tienen sus lingotes custodiados en Londres.

No obstante, hoy por hoy la recesión es un miedo, no una realidad, la economía mundial continúa creciendo, si bien es cierto que a un menor ritmo que en 2018.